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"Y es que el universo siempre conspira a favor de los soñadores"

jueves, 7 de septiembre de 2017

Despierta

Ven, levántate.
Dame la mano y déjame atraparte media vida más.
Sígueme, pero hazlo ya.

Déjame llevarte donde aún las montañas hacen llorar a las nubes. Donde aún nos sufren.
Déjame.
Déjame llevarte conmigo.

Regálame una sonrisa y entenderé que aceptas mi propuesta. Hazme reír a carcajadas y las hadas saldrán a nuestro encuentro.
Déjame despistarlas, juguemos los dos solos, juguemos a perdernos.
Silba tu canción favorita y enfádate cuando ésta juguetee con mis cuerdas vocales sin tu permiso.
Constrúyenos un columpio.
Un columpio tejido a base de margaritas impares donde no exista el vértigo ni tampoco el miedo. Uno muy alto, el más alto, capaz de atravesar cascadas sin mojarse y desde el cual, riendo, pueda vigilar al sol. Constrúyenos uno que huela a azahar todas las noches, uno al que podamos llamar hogar y al cual siempre podamos volver, estemos donde estemos.

Véndame los ojos, sujeta mis muñecas y bésame la comisura de los labios para saber que eres tú.
Atranca la puerta que siempre abren y enciende un fuego que pueda derretirnos de una vez por todas.
Sonríe, déjate llevar. Quémate los dedos tratándome de alcanzar, abrásate la lengua intentándome convencer de que me quede.

Ven, no tiembles, el terremoto ha pasado.
Ven, puedes venir a morir conmigo al lado seco de la cama.

Hoy volveré, sin que lo sepas, a soplar sobre cada una de las estrellas mientras tú, arrastrado por  la magia de la luna, pides un nuevo deseo. Hoy, como de costumbre y sin que lo veas, me atreveré a apagar el mundo sólo para que tú sueñes conmigo.

Ven, dame la mano.
Déjame llevarte de vuelta.
Ven, despierta.


Búscame.

domingo, 21 de mayo de 2017

XXVIII

Vuelves.

Y no quiero tener que afrontarlo todo de nuevo.

Vuelves en cada periódico mal doblado, en cada línea subrayada de aquél libro que nunca acabaré. Y es que ser capaz de leerte en los poemas que nadie escribió pensando en ti hace que me muerda un poco más fuerte la lengua, y sangre.

Vuelves, en cada esquina que no me atrevo a doblar por si acaso estás y nunca vuelve a ser conmigo. En cada paso de cebra que salto esperando a que me sigas y beses mis pasos. En cada alfombra que piso descalza y no es para acabar examinando las vetas de tu armario.

Vuelves, llamando a mi puerta con una caja roja de terciopelo donde ahora, de vez en cuando, nos paso una mopa y nos limpio el polvo que comienza a hacernos daño. 
Vuelves, y me traes las manos llenas de heridas y cocos en los que dejar consumiéndose nuestros días malos.

Vuelves, con ese paso rápido, la respiración agitada y tu mirada inquieta, barriéndolo todo.

Vuelves, y traes contigo el primer día juntos con su primera noche blanca, el amor desparramado en una cama prestada, una foto en el espejo, un recuerdo que me atrapa.


Vuelves, esta vez sin saberlo, y yo siendo más tuya que nunca, sin pretenderlo.

sábado, 13 de mayo de 2017

Desplegar las alas rumbo a casa.


Hay una llama que tirita, un soplido que amenaza, una verdad que se eleva.

De nuevo despierto, envuelta en sudor, y sé que no te has ido pero que tampoco estás del todo.

No sé si debería alegrarme por poder sentir el chasquido de esa llave introduciéndose en el contacto;  conformarme con que aún no haya arrancado el viaje, o enfadarme porque no es capaz de decirme cuando lo emprenderás.
Antes de despertar intento abrazarte pero tu cuerpo se desvanece entre mis dedos a cada amago que hago por alcanzarlo.
No es este el lugar.
Tendré que correr, me aconseja, si quiero llegar a tiempo.
Su voz acaricia mis mejillas, es fría, pero no quiere hacerme daño.
Agradezco que no quiera clavar su mirada en mí, pero nunca a costa de esos robos a mano armada que anuncia gritando a modo susurro, haciéndome temblar y desvinculándome del mundo. Cortando mi respiración, apagando mis sentidos, acelerando mis latidos; dejándome completamente vacía llorando una pena que no es la mía. 
A veces tan sólo me gustaría no estar al tanto de sus planes.

Supongo que podría verse como cierta ventaja, en parte tenéis razón, en parte no.

Ahora sí que estoy en el lugar correcto, ahora sí que estamos, ahora sí que somos reales. Entonces tú me miras, me coges la mano y bromeas sobre aquél viaje que crees que has burlado. Yo me río mientras peino el paso del tiempo metaforizado en tu cabello. Vuelvo a abrazarte y te prometo que todo irá bien, que vas a estar bien, que aún no me he ido, que de esta noche me encargo yo, que puedes dormir tranquilo.

Que sus manos te lleven lejos de aquí.

domingo, 5 de marzo de 2017

Orgasmos en el cielo

Yo también hablo de tácticas si te digo que pretendo acunarme en la curva de tu cuello mientras mordisqueo el borde de tu lóbulo derecho que tirita de frío y refleja mis ganas
.
Yo también hablo de tácticas cuando paso mis dedos por tu cara y acaricio tu frente mientras transcribo mis planes de futuro contigo al paso de mis yemas por tu piel.

Yo también hablo de tácticas cuando te miro desde abajo, volviéndome lirio en tus brazos, mientras me dejo mecer por tus silencios y escucho como éstos entonan la última nana que promete acallar, por siempre, cada uno de mis miedos.

Supongo que tú también hablas de éstas cuando me despeinas las cejas y me estrujas los morros entre tus manos haciéndome sentir besugo que no habla y que se asfixia si no llegas pronto hasta su boca. Cuando me haces reír como nadie nunca había hecho hasta el momento, buscándome las cosquillas en los lugares que más odio de mi cuerpo.

Supongo que tú también hablas de tácticas, cuando jugando a ser Dios y sirviéndote de un sólo suspiro logras levantar violentos huracanes en la zona más mundana de mi espalda. 
Cuando con tus dedos concentras toda la magia inventada en el punto exacto que me lleva hasta el extremo de creerme capaz de explotar en cientos de fuegos artificiales y oír orgasmos en el cielo.

A decir verdad, podría recorrerte la piel a lametones y comenzar la desalinización oficial de tu cuerpo haciéndome, así, curar las heridas más internas del mío. Hacerte el amor con la mirada cuando reposo a tu lado después del gran polvo del año o reírme hasta las tantas mientras buscamos unas ganas que prefieren dormirse en la tranquilidad de tus abrazos que incendiarnos la piel.

Podría, si quisieses y alguna vez los tienes, arroparnos los miedos con cada una de las palabras que nacen de mis dedos y mueren en tu cuerpo en forma de caricias perennes.

Podría también, besarte las ideas mientras te miro a los ojos, morderte la oreja mientras te beso el hombro izquierdo. Susurrarte los motivos que tengo para imaginarnos juntos, convencerte, sin mover siquiera mi lengua, de todos los buenos días tan buenos que están por llegar.


Y es que, amor, ojalá pudieras entenderme cuando te digo que el “te quiero” empieza a quedársenos demasiado corto.